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lunes, 13 de mayo de 2013

UN CORAZÓN EN LLAMAS


Él lo tiene todo. Es el más poderoso, maravilloso y hermoso del planeta. Pocos lo conocen y algunos dicen conocerlo, pero no saben reconocer su voz. Es el Espíritu Santo.

Conocí al amado Espíritu Santo, hace unos años, y este encuentro encendió mi corazón, cambio mi vida y mi mundo. Hoy, por medio de este blog, Él quiere mostrarse, quiere enamorarte.Él ha sufrido rechazo, menosprecio, burlas, criticas, pero aún sigue esperando que se vuelvan a Él.   

Es el cumplimiento de la promesa más maravillosa que el Padre celestial hizo a tu vida: “no los dejaré solos…”Así es, nunca estás solo en el momento de dificultad o en los momentos de alegría

Solo debemos ser conscientes de su presencia, dedicarle tiempo a solas, compartir con Él tus dudas, tus deseos… Él te anhela más que a cualquier persona y cuando lo dejas entrar a tu vida, su fuego te acompañará siempre y será visible ante los demás.


viernes, 30 de noviembre de 2012

NO ES TAN BUENA COMO DICE...



Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. 
Santiago 3:16

La carcoma es un grupo de gusanos que perforan la madera hasta destruirla. Comparable a la carcoma es la envidia para el alma humana.   
En la escuela, en el trabajo, en la familia, en la iglesia hay envidia, y no hay que asustarse.
Nadie envidia a un miserable. Se envidian los logros, el reconocimiento, tu casa, tu dinero, tu familia, tu pareja o tus amigos.
La envidia solo revela incapacidad, inseguridad y falta de madurez en la persona, que además está todo el tiempo comparándose con otros.
 
La mayoría de las personas hemos sentido envidia alguna vez, pero ¿cómo luchar con ella?
La única forma efectiva, por supuesto, es la que viene de Dios.
Él nos dice: "…sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón."Aquí Dios nos alerta a revisar nuestro corazón, a ser conscientes de lo que hay en él y sacar lo que envenena el alma.
 
El envidioso sufre y, en muchas casos hace sufrir al envidiado. La envidia es una opresión que viene del infierno, para destruir separar y matar. La fórmula para ser libre de la envidia es: renunciar a ella, buscar liberación y someter nuestras emociones carnales a Jesucristo.