
Pero en
realidad no hay nada más espiritual que cuidar el cuerpo. ¿Espiritual? Así es. Dios
creó tu cuerpo, es el templo del Espíritu Santo, y como todo lo que tienes, no
te pertenece: solo tienes el derecho de administrarlo de forma correcta. Administrarlo
mal es comer todo lo que quieres y no lo que debes. Tengo un caso de una amiga,
que quisiera compartirles:
“Durante muchos años descuide mi
cuerpo llenándolo de comida basura; después de muchos intentos- fallidos- con
dietas y ejercicios volvía a recuperar lo perdido. No fue hasta que conocí
verdaderamente al Espíritu Santo que me di cuenta que la obesidad es un problema físico y también espiritual; ¿por qué? Porque era mi cuerpo, mi estómago el que gobernaba mi vida. No tenía dominio propio. En mis fuerzas nunca podría bajar de peso; el Señor me dio la fortaleza para tener dominio
sobre mi cuerpo, control sobre la elección de mis alimentos.”
Hombres y
mujeres con propósito ponen en riesgo a diario su salud y su vida por su
debilidad de carácter. Ir a un gimnasio o comer sano, no es vanidad. Nosotros debemos ser guardianes de nuestro
cuerpo, vigilar que nada lo dañe.
Nuestro cuerpo, por ser templo del Espíritu Santo, debe ser conservado limpio y santo:
no te dejes gobernar por la gula, el cigarrillo, el alcohol, o
la comida chatarra.
Si comes por impulso, por un deseo incontrolable, es tiempo que entregues esa aréa al Espíritu
Santo. Rinde todo a Él y permite que sea Él, el único que gobierne tu vida: Él te ayudará a tener dominio
propio.